El Hoyo
Cuando uno tiene la aborrecible costumbre de compartir mesa para hablar de cine con cualquiera siempre llega ese momento, el Momento. Es ese instante donde los discursos alejados se encuentran y lo que eran tensiones dudosas se transforman en carcajadas y caras de asentimiento deleznables. Ese punto de inflexión viene de más allá de las redes sociales. Esa cima del entendimiento la genera el tema más impensable. En toda reunión cinéfila de gilipollas aún resurge una y otra vez la memez del tópico. Cuando sale la cuestión, si te levantas y te largas mostrarás una capacidad de supervivencia y puede que aún haya esperanza para ti. La encomiable El Hoyo se sustenta en una paradójica tesitura. Su propuesta atractiva se ve menos reforzada cuando juega sus normas más salvajemente. La alegoría política y social se va deshaciendo al radicalizar el discurso. Y es contradictorio porque uno desea ir más allá siempre y, ante una propuesta valiente, sabe mal expresar que en este caso las tribulaciones para y por un final acorde no están a las …









